Oración a la Virgen María para pedir su fiel protección

Yo te saludo, Santísima Virgen María, Hija de nuestro padre Dios, Madre de nuestro Señor Jesucristo y esposa maravillosa del Espíritu Santo.

Oh, Señora mía, Oh, Madre mía, yo me ofrezco todo a ti. En prueba de éste gran afecto en este día te entrego toda mi alma, mi mente, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón y, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Oh Madre de bondad defiéndeme y protégeme, como propiedad tuya concédeme tú Santa bendición.

María, virgen poderosa, grande e ilustre defensora de la Iglesia. Admirable Auxiliadora de nosotros tus hijos. Poderosa defensora contra los enemigos del alma. Tú que has triunfado contra los errores del mundo, consuélanos en nuestras angustias, fortalécenos en nuestras luchas.

Ampáranos contra el demonio y los adversarios de la salvación.

Socórrenos en nuestros momentos más dolorosos y difíciles.

Madre de todos los seres del mundo, bendícenos, para que en nuestros hogares sea siempre alabado el nombre de Dios. Ilumínanos para que nunca nos falte la salud, la vivienda, la comida y el trabajo. Concédenos en cada día de nuestras vidas, Tú paz, Tú alegría, Tú serenidad y Tú plenitud, para que todos podamos caminar contigo con fuerza y entusiasmo por todos los caminos de la vida.

Ayúdanos a sobrellevar las tareas diarias. Has que estemos claros y fortalecidos en el dolor y las dificultades y sepamos tomar las mejores decisiones. Cólmanos de fe, caridad y esperanza, para sentirnos hermanos de todas las personas que nos rodean, para ayudar a los débiles, consolar a los cansados, y para compartir nuestros triunfos y acompañar a todos los que se sientan solos.

Dulcísima María a ti te entrego lo poco que tengo, a ti encomiendo mi hogar, mi familia, mis vecinos y amigos para que tu seas quien los guíe y los cubra con tu manto protector.

Bendita sea tu pureza madre mía. Dios se alegra ante tan gran belleza.

A ti madre celestial te ofrezco este día, mi corazón, mi vida y mi alma. Con compasión mírame y no me abandones madre mía.

Virgen madre de Dios, todos te debemos servir, porque Tú ruegas por nosotros, porque Tú nos haces vivir.

Enorme y tanta fue tu perfección y tan merecida, que de ti quiso nacer Nuestro Señor Jesucristo, nuestro salvador.

Piadosísima Virgen María, jamás se ha escuchado de alguien que, acudiendo a ti por ayuda, implorando tu protección o solicitando tu intersección lo hayas abandonado. Tú siempre serás nuestra madre bondadosa llena de amor, con quien podemos contar siempre en las buenas y las malas, porque Tú estás ahí para todos nosotros.

Santa María, te ruego que conserves mi corazón como el de un niño, puro, limpio, transparente, cristalino como el de una fuente. Dame un corazón sencillo que no esté lleno de tristeza; un corazón grande para entregarse tierno en compasión; un corazón fiel que no guarde rencor por ningún mal y que sea generoso y no olvide ningún bien; has que tenga un corazón humilde y manso, que se entregue sin pedir nada a cambio.

Permíteme tener un corazón indomable y grande, que no se cierre ante aspectos negativos, que con ninguna indiferencia se canse.

María Santísima, no nos desampares ni de noche ni de día y siempre intercede por nosotros ante nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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